domingo, 26 de junio de 2011

Amargas Esperanzas

Olvidé exactamente donde te vi por primera vez, tal vez fue en el bar del Duende Apio o quizás fue en el jardín de la vieja Jenkins.
Olías a Diciembre un sábado por la noche, un poco a chocolate con maní, a tubos de laboratorio, a flores rojas, un poco a alcohol etílico, un poco a tristeza.
Adoraba despertarme temprano para  espiarte cada mañana que salías de tu casa y caminabas hacia la escuela, salía temprano de mis clases para verte salir de tus clases… y una noche en tu cumpleaños te deje una flor con chocolates en la ventana de tu cuarto.
No tienes idea de lo difícil que fue llegar hasta tu ventana, ¡tú Estrambótico perro me daño mis jeans favoritos! Se comió mi bota izquierda y babeó mis converse.
Pero valió la pena, pude verte descansar, pude observar durante 15 segundos bien contados tu maravilloso y angelical rostro; que a la luz de la brillante luna parecía porcelana azulada.
Un lunes en la tarde te vi riendo con tus amigos, no puedo explicar la belleza de tu sonrisa ni mucho menos la de tus ojos.
Aunque me gustas más cuando estas serio, cuando tienes tu quijada apretada por el frio o por enojo….
Esperé impaciente a que te marcharas porque me decidí a averiguar tu nombre y seguramente esos chicos podrían ser de mucha ayuda.
No sé si dijeron Cristian ó Manuel, Miguel ó José, Emerson ó Elton, para mi eras más un Travis.
Eras una noche en vela, un día nublado, un sábado de diciembre, una botella de vodka, una sonrisa rodeada de lagrimas,  un conejito rosa, Un cachorro asustado, un perfecto desconocido y cuando digo`` perfecto’’ me refiero a realmente perfecto, eras un Travis, mi alma gemela.
Una tarde de un jueves después de clases te seguí hasta la puerta de tu casa, mientras te seguía sigilosamente practicaba como te hablaría, que te preguntaría y cuales serian tus posibles respuestas.
Que sorpresa me llevé cuando al verme cerca sonreíste, te pregunté si te gustaban los Sneakers  y me dijiste que no te caían nada mal, te tomé de la mano y te invité a tomar un café, me esquivaste y con una mirada de  ``mierda esta chica esta rara´´ te echaste atrás. Solté que ya te había visto antes, que soñaba con besar tus ojos, pestañas, nariz, dedos, uñas, pies, tus miedos, que deseaba más que nunca ahogarme en tu sudor, escribir tu nombre con sangre en mi espalda, descansar en tus pestañas y arroparme con tu lengua.
Casi muero cuando esbozaste una sonrisa y dijiste que estaba loca.
 Que me dijeras que estaba loca no hacía falta, vale la pena estar loca por ti; fue esa perfecta sonrisa que me nubla la vista, que no se refleja en mis ojos si no, se tatúa en ellos.
Quise drogarme con opio, echarme gasolina encima, prenderme fuego un 31 de diciembre a las 2:00 de la mañana y correr en las afueras de tu casa mientras te tiro flores rojas en tu terraza.
Me dejaste con los parpados abiertos como vajillas Corona, entraste a tu casa y te perdiste en las cortinas azules que adornaban tu sala y hacían juego con los muebles.
Que depresión verte aquel sábado en la noche en el Bar T-vans riendo a carcajadas tomado de mano con una pelirroja con cara de Lucia, un poco de Fernanda, un poco de minerva. Debo admitir que la chica era muy hermosa pero no lo suficiente para ti, ese traje negro de flores amarillas que llevaba puesto me recordaba a un paraguas de mi abuela Benedette; quise entrar, quitarle la copa de margaritas echársela en los ojos y así ciega enterrarla en el fondo del congelador de mi nevera.
Luego de unos segundos de pensar por primera vez antes de actuar me fui y desahuciada por la calle Wellington sin importar quién pudiera seguirme para amordazarme por un par de zapatos Botticelli o por unos aretes de oro, corrí hasta llegar a la playa Sun Not Shine, me quité la ropa y completamente desnuda me metí en el mar.
Me puse a pensar, quizás debí decirte que podías venir a mi cuando quisieras, que siempre habrían Sneakers para ti, que aun podía observarte dormir desde tu ventana mientras tu estúpido perro dañaba mis jeans, que podía decirte Cristian ó Manuel, Miguel ó José, Emerson ó Elton, aunque para mi eras más un Travis.
Pero ya estaba demasiado cansada, no había dormido bien desde que te vi por primera vez, estar loca por ti era un trabajo de 25 H/8D  ya no quedaba tiempo para mi… por primera vez pensé en mi.
Me acurruqué en el aire, me sentí como en una noche de diciembre comiendo Sneakers con champagne y margaritas, como en una fiesta bailando llena de opio ó amapola hasta las pestañas, me sentí como en aquel sábado en la noche que escapé de mi casa después de una pelea con mi madre… ¡Dios! Como amo los sábados por la noche, me imaginé ahogándome en tus salivas con olor a mañana reseca y a almohada, vi tu rostro de porcelana azulada relajado y nunca fui más feliz.
 Un ligero punzón en mi corazón me hizo alertarme de que algo andaba mal; pero allí estaba tu rostro y casi podía tocarlo, estiré mi brazo con esfuerzo; estaba cansada como nunca…
Toqué tu mejilla, te despertaste y me viste con cara de: ``Esta chica esta como rara´´ y te desvaneciste, lloré pero no pude secar mi lágrima porque no la distinguía entre tanta agua salada.
Sentí un fuerte olor a amapola, un poco a cerveza, un poco a cantina, un poco a martes, un poco a corazón de perros… Olía un poco a silencio.
-A que día estamos hoy? Lunes, martes… tal vez sábado por la noche
-Qué edad tengo? … 11 ó 26 quizás 17
-Como me llamo? Mary, Alicia ó Ana… Sí, definitivamente es Sneaker
Mierda mi memoria es una vacía concha de mar, ya ni siquiera sé cuantos dedos tengo en los pies.
De seguro esto no te gustará de mi, ahora no puedo cambiar  aun estoy cansada y me siento algo mareada, debo estar muy drogada…

4 comentarios:

horkaichy dijo...

no se porque, pero me gusta

Fanny* dijo...

No lo habia visto :O

A mi tambien :)

daniel dijo...

me encanto mucho mas que las mcdonals

Fanny* dijo...

Hahaha gracias danny :)