sábado, 4 de diciembre de 2010

Salchichas asadas*

Vengo a aburrirlos con un relato de lo que hice antes de llegar a casa con 10000 grandes, espero no se duerman a la mitad, o al comienzo..., debo admitir que para mí fue un día fuera de lo común.

Era la tercera noche más fría de diciembre, agobiado por el frio me apretaba contra mi saco, el único del que dispongo, de hecho ya está un poco descosido… pero no gano suficiente dinero para comprar ya sea uno de segunda. En todo el día no había hecho una sola carrera y llegar a casa sin al menos una moneda no estaba en mis planes, además le prometí al señor canuta darle de cenar una buena salchicha asada; ya está cansado de comer las sobras de mi avena.
 Debo 2 meses de alquiler y hace dos semanas nos cortaron la luz, por lo que tengo que gastar 7 monedas de lo que gano para comprar velas y cerillos.
Estacioné el taxi en las afueras del hotel  Marriott, compré un cigarrito de los más baratos para entrar en calor; cuando vi salir a un señor de avanzada edad. Llevaba un traje azul oscuro, un gazné rojo, sombrero y mocasines. Fumaba y tenía una expresión triste en la mirada ¿Querrá una carrera? Ni dos veces me lo pensé.
-¡Disculpe! ¡Señor! ¡Disculpe!
Se volteó a verme.
-¿Desea usted ir a algún lado? -pregunté señalando el taxi
-Vaya chico… bueno, supongo que un paseo no me hará daño.
-¿A dónde desea ir usted?
-¿A dónde propones?
Puse a andar el auto. Ese viejo era bastante… extravagante, Pero ¡Bah! ¿Qué más da? Me iba a pagar, y el señor canuta por fin comería su salchicha.
-¿Cómo te sientes pequeño? –inquirió el anciano con afabilidad.
-¿Qué? ¿C-c-cómo me siento? Ohm verá usted señor, me siento un poco decepcionado ya que no he hecho una sola carrera y debo dos meses de alquiler…, me preocupa el señor canuta, que no ha comido bien desde hace un tiempo ya, y le prometí que hoy cenaría una salchicha asada…
-¿El señor canuta? – Me interrumpió
-Mi amado perro señor.
- Oh, un nombre muy interesante, apuesto a que ese perro le es muy fiel y le ama sin medida- dijo con melancolía.
-Pues eso creo señor, ha estado conmigo desde que nació
Llegamos a el puente de diciembre  y el señor pidió que parasemos.
-Detente aquí jovencito, quiero ver como se refleja la luna en el agua
Se bajó del auto y camino hacia una esquina.
-¡Que hermoso! ¡Estas son las cosas por las que vale la pena vivir muchacho!- soltó a carcajadas y se volteó a verme
Su ánimo descendió rápidamente y pude ver como una lágrima resbaló por sus ojos
-Todo esto y más puede ser mío muchacho
- Eso es maravilloso señor, es usted muy afortunado- dije esbozando una sonrisa amplia y sincera
-¿Cierto que si? Si lo quiero lo tengo… después de todo ¿Cuánto puede costar este puente? ¡Lo que sea, lo tengo! – dijo el señor muy emocionado otra vez.
-¿Qué más se puede pedir?- dije en un ligero susurro, el señor escuchó y al oír esto su rostro volvió a ser tétrico.
-Amor…
-Tengo todo el amor que necesito señor.
-¡Oh si claro tu perro! ¡Te lo compro! ¿Cuánto pides por él?
-Oh señor no, yo no lo vendo, es mi mejor amigo señor.
-Mmm… ¿Qué tal 900 grandes?
-¿Cómo dice?
-¿Oh es muy poco? ¿Quieres 10000?
-S-s-señor, n-n-o puedo venderle al señor canuta…
-¿Por qué no? Con los 10000 grandes de seguro podrás comprarte unos 1000 señores canutas
-Porque quiero solo a ese señor canuta señor, es mi mejor amigo y lo amo.
El señor se quedó observándome perplejo, bajó la vista y apenado dijo:
-Qué vergüenza muchacho, sé bien que no puedo comprarte al señor canuta y mucho  menos su fidelidad y su amor, solo deseo encontrar el amor verdadero que me acompañe hasta mis últimos días. Que fallezca mucho después de mi… de nada vale tener dinero si con el no puedes comprar el amor que es la base de la felicidad y créeme no miento, realmente lo es.
No tenía nada que decir, un simple joven que no terminó su bachiller, que su único amigo ha sido un perro no puede aportar mucho ante un anciano millonario; me acerqué, puse mi mano en su hombro y suspiré.
Estuvimos inmóviles por varios minutos; luego el anciano dio un respiro y se giró
-Llévame a mi casa- soltó
-Si señor
En el camino íbamos en silencio y pude notar que el esquivaba mi mirada, había vergüenza en sus ojos, pura y física vergüenza.
Llegamos a una mansión bellísima, su acogedor hogar.
-Ha sido un placer muchacho- dijo con una sonrisa
-Opino lo mismo señor
-No tengo dinero para pagarte pero… ¿puedo darte mi saco como pago?, puede ayudarte con el frio, ese que llevas puesto ya está andrajoso y a mí no me hace falta este saco viejo.
Me llené de tristeza, ¿Cómo no tiene ese anciano millonario dinero para pagarme?
-No se preocupe usted señor págueme con lo que pueda –dije fingiendo una sonrisa lo más que pude, supongo que el señor canuta deberá esperar unos  días más para comerse esa maldita salchicha
-¡Gracias muchacho! Aquí tienes – y lo puso en mis hombros delicadamente- prometeme que no te veré más por aquí muchacho.
-No señor, tenga buena noche.


Me marché, triste y cansado… miré el reloj: 3:45 Am
Subí a mi cuchitril y allí estaban esos ojos llenos de bondad rebozando de alegría
-Lo siento señor canuta…hoy tampoco.
Leyó mi expresión de tristeza e intento consolarme ¡Que amigo!
-Vamos a dormir mañana será otro día
Me acurruqué en unas sabanas sobre el piso y el señor canuta se fundió a mi lado.

A la mañana siguiente cuando me despedía de canuta para irme a trabajar, en un intento de calor metí las manos en los bolsillos del saco nuevo y me di cuenta del fajo de billetes que había
Recordé: ’’ prometeme que no te veré más por aquí muchacho’’
¡Risas histéricas!
¡Vamos canuta! hoy comeremos salchichas asadas por cortesía del viejo millonario.

3 comentarios:

Emerson dijo...

señor canuta FTW!

Fanny* dijo...

Salchicas asadas ftw :D

Yuel dijo...

Me encanta como escribes :D, me encanta. Señor canuta jaja, buen nombre para un cadaver mascota